Fase 1 · monitoreo

Recuperar los trenes empieza por verlos

Texto de origen: https://x.com/tebayoso/status/2107894676426559739

La nota pública está en https://x.com/tebayoso/status/2107894676426559739. Esto es la versión de trabajo del proyecto, no una copia de ese texto.

Enrailar arranca como proyecto abierto de recuperación de los trenes de Argentina. Más adelante puede ser una empresa de tecnología ferroviaria: investigación, gestión, mantenimiento y explotación de infraestructura y material rodante, robots y drones de inspección, trenes autónomos, software de coordinación y renovables en el corredor.

La fase 1 es monitoreo. El lanzamiento público es Febrero 2027, con el primer Hackatrain, un hackathon abierto de tecnología ferroviaria. El anuncio no fija un día: el sitio muestra esa referencia y la cuenta regresiva solo cuando haya una fecha. El primer lugar de trabajo es Tandil.

La forma de organizarse es cooperativa: técnicos, trabajadores ferroviarios, municipios, comercios y usuarios. Presupuestos, propuestas y avances se publican con la transparencia de una DAO. La operación y las decisiones de seguridad quedan en profesionales identificables, que responden por lo que firman.

El primer paso es un mapa vivo. Estaciones, intercambiadores, playones, vías, puentes, túneles, desvíos, pasos a nivel y señalización. Cada elemento con ubicación, fotografías, fecha de inspección, estado y una estimación de qué necesita para volver a funcionar o para mejorar. También quién administra el tramo, qué trocha tiene y qué demanda podría atender. Una estación histórica no es, por sí sola, una conexión que hoy se pueda usar.

Parte de ese relevamiento es ciudadano: gente en cada ciudad y pueblo, protocolos comunes y revisión técnica. La otra parte se automatiza. Prototipos de robots de auditoría sobre la vía y drones para el entorno, con baterías, apoyo solar y enlace satelital donde la cobertura móvil no alcanza. Esas pruebas empiezan en recorridos cortos.

Hay que poder medir geometría de vía, desgaste de rieles, durmientes y fijaciones, drenajes, vegetación y obstáculos. Fotos georreferenciadas, modelos tridimensionales y mapas de calor de defectos. Ultrasonido para fallas internas y georradar para el balasto y las capas de abajo. Decir dos mil sensores nombra la ambición. El prototipo empieza por los sensores que detectan problemas concretos y se pueden contrastar con una inspección profesional.

Para estudiar hay sistemas de inspección como los de ENSCO, medición como servicio al estilo de Plasser & Theurer, y relevamiento aéreo LiDAR como el de DJI Enterprise. La idea es combinar eso con ingeniería, fabricación y mantenimiento hechos en Argentina.

Con esos datos se priorizan reparaciones y se estima qué formación admite cada corredor. La velocidad y la carga también dependen de puentes, carga por eje, frenado, señalización y material rodante. El mapa tiene que servir para decidir con evidencia.

El primer producto comercial es una auditoría ferroviaria y un seguimiento del mantenimiento como servicio, en Argentina y en el resto de América Latina. Cada intervención queda escrita: el defecto, la obra y la capacidad que se recupera.

Mientras el mapa crece, la operación comercial empieza en un corredor concreto. Un operador de última milla apoyado en el ferrocarril: depósitos regionales y estaciones usadas como centros chicos de logística. El primer mercado es la paquetería. Trenes con módulos y casilleros, retiro con un código, y repartidores locales que completan la entrega. Módulos que se cambian para que el tren no tenga que esperar en el andén. Quadient y ScotRail sirven de referencia para casilleros en estaciones; el piloto igual tiene que demostrar que conviene mover esos paquetes por tren.

Los escenarios de corredor, para estudiar y no como promesa, van por tonelaje y velocidad: 10 a 50 toneladas a 30–60 km/h para paquetería y repuestos; 100 a 300 toneladas a 40–70 km/h para pallets y abastecimiento; 500 a 1.500 toneladas a 40–80 km/h para contenedores; 3.000 a 6.000 toneladas a 40–80 km/h para cargas pesadas donde la infraestructura ya aguante. La paquetería es la puerta de entrada.

También hay una pregunta regional: estudiar una conexión trasandina hacia Chile, el trazado histórico y las alternativas, pendientes, túneles, trochas, clima, aduanas, demanda y financiamiento. Eso pide un estudio propio y coordinación de los dos países.

El comienzo es concreto: un mapa que se pueda verificar, un prototipo de inspección y un corredor comercial que funcione. Publicar los resultados, volver a invertirlos en mantenimiento y repetir.